A nueve centímetros: el limbo 1


Laura Rodellar, Médica Especialista en Obstetricia y Ginecología en el Hospital General de Catalunya, nos platica por medio de la página Master Training, sobre el momento de transición entre dos etapas del parto: la fase de dilatación y el periodo expulsivo.

Si leéis relatos de partos fisiológicos (también llamados naturales, sin intervenciones médicas ni analgesia epidural) veréis que muchas mujeres coinciden en un punto: una especie de limbo, más o menos a los nueve centímetros de dilatación, en el que las sensaciones cambian. Ese limbo lo vivimos a diario en la Sala de Partos, y no todas las mujeres reaccionan igual, así que hoy hablaremos del tema.

El nombre de limbo no está en los libros de Obstetricia, se lo he puesto yo porque no es más que un momento de transición entre dos etapas del parto: la fase de dilatación y el periodo expulsivo. Es un momento un tanto extraño, en el que la mujer siente que no puede ir hacia atrás pero tiene un cierto miedo a ir hacia delante, a lo desconocido.

El parto suele (recalco suele, no ocurre siempre) iniciarse de forma progresiva, con contracciones suaves que se van intensificando, de modo que la mujer puede ir adaptándose a ellas, a convertirlas en sus aliadas, a bailar con ellas. Esto hace que se encajen con más o menos facilidad, trabajando sin pausa pero sin prisa, como en una carrera de fondo. En cambio, una vez llegados al limbo empieza el verdadero sprint: se acerca el expulsivo. Las contracciones son diferentes, a menudo más intensas y más seguidas, sin dejar demasiada tregua y sin dar tiempo a que la mujer se recupere antes de que empiece la siguiente. El dolor es diferente, la cabeza empieza a bajar por el canal del parto y ejerce presión sobre los tejidos del suelo pélvico. Esa sensación es nueva, y ha aparecido casi de golpe, rompiendo el equilibrio que se había establecido durante la carrera de fondo.

Justo allí, en ese punto, aproximadamente a nueve centímetros de dilatación, se puede llegar al desespero, al “no puedo más”. Vemos caras de miedo, de incertidumbre, de indecisión, y también de poder, de valentía, de entrega a la siguiente fase. Es uno de los puntos críticos en los que algunas mujeres prefieren continuar el parto con analgesia epidural por ser todo demasiado intenso para vivirlo como algo placentero.

Un buen acompañamiento en el parto es sumamente importante, tanto por parte de la pareja como de los profesionales que asisten a la mujer. Pues bien, cuando se llega al limbo dar el soporte adecuado a la mujer es crucial, imprescindible. El desarrollo de lo que queda de parto, y la vivencia que recuerde a posteriori la mujer, dependerán en parte de quien ha estado a su lado.

El paso por el limbo debería ser algo rápido, muy transicional, para así entrar en cuerpo y alma en el periodo expulsivo, el sprint, el último puerto de montaña de la etapa ciclista. El limbo es como un despertar de la fase de dilatación, en la que se podía hasta dormir entre contracciones si se está muy cansada. Es como una cuerda floja hasta que se decide dar el salto. Saltar hacia el expulsivo o hacia la opción de la epidural es igual de correcto, no hay nada mejor ni peor, la decisión final es de la mujer. Su acompañante habitualmente conoce sus expectativas previas, sus deseos, y puede orientarla, pero sin posicionarse en exceso. Hay que explicarle qué está ocurriendo, que cada vez notará más presión, que puede sentir como se rompe en dos, que va a ser intenso, pero que no se va a morir de dolor y que todo lo que siente es normal en esta fase. Lo que necesita la mujer en ese momento es que se le transmita seguridad. No hay que llevarla hacia el terreno de la epidural simplemente porque nos duela verla sufrir con el dolor, o porque sintamos lástima. Hay que intentar pensar qué quiere ella realmente y darle la mano para que encuentre su camino.

Recuerdo el parto de una gran amiga, que se planteó un parto sin intervención pero no estaba cerrada a nada. Compartimos el momento con Nuria, nuestra comadrona de Mater Training. Tuvo una dilatación preciosa y tranquila, con alguna siesta incluida, en la que todos perdimos la noción del tiempo y supimos que se acercaba la noche porque había menos luz. Sobre los siete centímetros tenía dolor, pero me confesó tener una enorme curiosidad por vivir ese momento, así que me prometí que no la dejaría rendirse (aunque no hubiese sido ninguna rendición, simplemente un cambio de planes). Y al poco rato llegó al limbo: las contracciones eran diferentes, estaba físicamente muy cansada, tuvo dudas, su pareja le decía que si se ponía la epidural no pasaba nada, y ella titubeó unos instantes. Nosotras no nos posicionamos, pero le transmitimos que era capaz de hacerlo si quería, y realmente quería… así que se abrochó el cinturón y saltó hacia un expulsivo intenso pero con un final muy feliz.

Así pues, si nos leéis y os planteáis un parto sin analgesia, llegará un momento en el que sentiréis que no podéis más, que algo ha cambiado, que ya no tenéis la situación tan controlada. Bienvenidas al limbo. Allí no os quedaréis eternamente, así que adelante, dad un paso adelante y disfrutad de lo que viene a continuación.

Desde Mater Training os deseamos que tengáis una vivencia de vuestro parto, y os recomendamos llegar al gran día con la máxima información posible en el bolsillo. Conocerse a una misma y conocer todo el proceso da mucha seguridad, y por esto la anatomía y la fisiología son pilares fundamentales de nuestros cursos. También os animamos a compartir vuestras experiencias en nuestra sección “Explica tu parto” y así ayudar a otras madres que están a punto de dar a luz.


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Un comentario en “A nueve centímetros: el limbo

  • maria de la paz

    es muy buena su pagina estoy viéndola yo soy partera desde hace muchos añps y es lo mas hermoso que existe la realización de una vida total sin cesárea todo bien guiado sale bien todo un trabajo de parto soy´partera desde los 8 años desde ahí comencé hasta a horita sigo hasta pronto